Como nos han demostrado los acontecimientos del año pasado, los fenómenos meteorológicos extremos conllevan multitud de riesgos. Las empresas que no planifican los riesgos medioambientales y climáticos están dejando su negocio desprevenido y expuesto a riesgos polifacéticos.
A pesar de las buenas intenciones, el 73% de los ejecutivos mundiales encuestados coinciden en que la incertidumbre económica está desviando su atención de sus objetivos de sostenibilidad, haciéndolos menos prioritarios, y el 67% tiene dificultades para hacer la transición a la energía sin carbono y cumplir los objetivos de cero emisiones netas.
Además, los acuerdos internacionales sobre la acción climática se están deshilachando, lo que aumenta la fragmentación del panorama normativo.